Yo estoy bien y su niño lo estará también

De Sarah Burrell

Comenzó mi viaje el 5 de diciembre en el año 1993. Nací una chica pelirroja y saludable. Al cumplir un año, empezaron a creer mis padres que no podía oír. Decían mi nombre, batieron las palmadas y hacían ruido y no me daba vuelta. Cuando tenía 17 meses, me probaron la audición y se enteraron mis padres que era sorda. Young Sarah Burrell walkingLos doctores creyeron que nací sorda. Me diagnosticaron una sordera profunda en ambos oídos. Mi mamá me dijo que era un día triste para ella y mi papá.  Algunos profesionales querían que sólo aprendiera lenguaje de señas, pero mis padres querían que siguiera usando la comunicación oral ya que era una beba conversadora. Les importaba mucho que encajara con los chicos "normales" y que me comunicara con todos. Mi audiológo nos sugirió algunos muy buenos profesionales para mejorar la comunicación oral. 

A los 18 meses, me equiparon con dos audífonos digitales y comencé un curso intensivo de terapia del habla-lenguaje. Mi terapeuta se convirtió en otra mamá. Me gustaba el tratamiento porque hacíamos cosas divertidas como ir al parque, plantar flores o ir a McDonald's. Siempre me ponía los audífonos al despertarme por las mañanas y los llevaba todo el tiempo a menos que tenía una llaga o una infección en el oído. Cada seis meses me daban nuevos moldes de colores lindos. Cuando entré a un jardín de infantes privado mejoró y se enriqueció mi vocabulario con nuevas palabras. Junto con mi terapeuta del habla-lenguaje hacíamos varios tipos de ejercicios para mejorar la comunicación oral. Después de un tiempo dejó de cubrirse la boca y fue ahí cuando aprendí a leer los labios. He leído los labios desde entonces. Cuando la gente me pregunta cómo entendía lo que decía, le dije que "leo los labios." Mucha gente me pide que le enseñe a leer los labios, pero en realidad es algo natural. Algunas personas les miran los ojos cuando escuchan a otras personas, yo les miro la boca, y eso hace que leer los labios sea natural para mí.   

Cuando tenía cuatro años se murió mi papá de cáncer. Leíamos historias, jugábamos y cantábamos juntos; era mi mejor amigo. Decidí arriesgarme y fui a una escuela pública. Mi maestra fue magnífica y seguimos siendo amigas hasta hoy. En el cuarto grado nos mudamos a Arkansas y seguí asistiendo a la escuela pública donde hice muy buenos amigos y jugué al softball y al básquetbol.

Cuando tenía 14 años, mi audiológo nos dio información sobre los implantes cocleares. Dijo mi mamá que era mi decisión. Me interesaba mucho la idea, y veía buenos resultados de otras personas que los tenían, y en junio de 2007, obtuve un implante coclear en el oído derecho. La cirugía fue un éxito y recuperé muy rápido.  Cuando "encendí" el implante por primera vez, estaba muy confundida. Se escucharon muchos sonidos y chasquidos; parecía que estaba en un mundo electrónico. Le pregunté a mi mamá "¿para qué tengo este implante?"

Mi cerebro tuvo que aprender a reconocer los sonidos de nuevo. Después, de mucha terapia, me encantó el implante coclear. Era capaz de escuchar las uñas de mi perro en el piso mientras caminaba y las piadas de los pájaros por primera vez. Le pregunté a mi mamá sobre muchos sonidos como los del lavaplatos, la nevera, la lavadora, y la cafetera. Ahora dependo del implante, y recomiendo a cada persona que lo considera que lo tenga. ¡He escuchado sonidos que nunca antes había escuchado y hasta escucho cosas que no sabía que existieron! Todavía llevo un audífono digital en el oído izquierdo pero ahora estoy pensando en obtener otro implante coclear.

El verano pasado, recibí una beca para asistir al programa AG Bell Leadership Opportunities for Teens (LOFT; Oportunidades de Liderazgo para los Adolescentes de la Asociación AG Bell) en Orlando, Florida. ¡Qué experiencia! Conocí a personas "igual que yo" y siento que van a ser mis amigos para siempre. Nunca en mi vida sentí tan aceptada como cuando estuve en Orlando. Por supuesto mi familia y mis amigos me aceptan, pero no de la misma forma que me aceptaron en Orlando. Las personas que conocí sabían exactamente como sentía porque habían pasado por las mismas experiencias, y sentía que podía comunicarme fácilmente con ellos. Realmente era la mejor semana de mi vida. Desde que asistí a LOFT, me convertí en mi propia defensora. Siento que me conozco mejor y verdaderamente he aceptado que soy sorda. Ahora digo que ser sorda no es una discapacidad sino un regalo. Es el regalo de tener amigos verdaderos, el regalo de descubrir nuevos sonidos y finalmente el regalo de valorar lo que tengo. 

Ahora me faltan dos años más en la secundaria pública. Me comunico con mis profesores para obtener la ayuda que me hace falta, y soy mi propia defensora. Tengo un promedio de calificación de 3.75. Leo los labios muy bien aunque me encanta hablar con mis amigos también y participo en service learning, un curso de crédito que busca ayudar a la comunidad.  Con la ayuda del profesor de service learning y el consejero de sordos del distrito escolar, estamos creando una nueva organización que se llama Hearing Impaired Pals (HIP). HIP es una organización que junta a los sordos y los chicos con discapacidades auditivas para que puedan conocerse, formar amistades, y darse cuenta que no están solos. Estoy emocionada para esta nueva aventura. Espero que cuando me gradúe de la secundaria y me vaya a la universidad otro estudiante se encargue de HIP. 

Mis planes para el futuro son ir a la universidad y seguir aceptando mi sordera. Todavía no elegí la universidad a la que quiero asistir ni qué quiero estudiar, pero me inclino por especializarme en la medicina. Me gusta jugar al softball, participar en las actividades de mi iglesia, y pasar tiempo con mis amigos y mi familia.  

Sarah Burrell is a 17 year old with profound hearing loss in both ears.(1)

Quiero agradecerles a Dios, a mi familia, a mis amigos, a mi terapeuta del habla-lenguaje, a la compañía AG Bell, y LOFT para hacerme la joven fuerte e independiente que soy. 

Sarah Elizabeth Burns Burrell tiene 17 años y está en su tercer año en Fayetteville High School en Fayetteville, Arkansas. Tiene un hermano que se llama Josh y un perro que se llama Annie. A Sarah le gusta jugar al softball, pasar tiempo con sus amigos y su familia, y participar en las actividades de su iglesia. Fue elegida para ser miembro del Consejo Asesor de la Juventud para la Fundación Comunitaria de Arkansas, la cual otorga subsidios a los programas comunitarios. Le encanta su curso de service learning, que proporciona asistencia a las escuelas de Fayetteville y la comunidad.